¿Qué es la psicología contextual? Una forma diferente de entender la terapia

En cada revisión médica de una persona con diabetes se pueden valorar muchos datos: hemoglobina glicosilada, glucemias, tiempo en rango u otros indicadores relevantes para el seguimiento de la enfermedad.

Son datos necesarios, pero no cuentan toda la historia.

Hay una parte de vivir con diabetes que no aparece en ninguna analítica: el desgaste emocional de tomar decisiones constantemente, la incertidumbre sobre el futuro, la preocupación por las complicaciones o el cansancio de convivir con una enfermedad que requiere atención todos los días.

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Estar "bien" médicamente no siempre significa estar bien

Es habitual escuchar, tanto dentro como fuera de las consultas médicas, que si los valores están controlados, «todo va bien».

Pero una persona puede encontrarse clínicamente estable y, al mismo tiempo, sentirse agotada, preocupada, frustrada o desbordada por todo lo que implica convivir con la diabetes.

Puede existir miedo ante las posibles complicaciones, preocupación por cometer errores, dificultad para desconectar de la enfermedad o la sensación de que la diabetes ocupa demasiado espacio mental.

Ese malestar es real aunque no aparezca reflejado en un informe médico.

El desgaste del autocuidado constante

Vivir con diabetes implica tomar decisiones que otras personas no tienen que tomar.

Dependiendo del tipo de diabetes y del tratamiento, puede ser necesario pensar en la alimentación, la actividad física, la medicación o la insulina, las glucemias y muchas otras variables que cambian de un día para otro.

Además, muchas de estas decisiones tienen que tomarse incluso cuando estás cansado, trabajando, viajando, haciendo planes o simplemente intentando vivir tu vida.

Esta atención constante puede resultar agotadora.

Dentro de la literatura sobre diabetes se utilizan conceptos como distrés diabético o diabetes distress para describir el malestar emocional relacionado específicamente con las demandas de vivir con la enfermedad.

No es simplemente «no llevar bien la diabetes» ni significa que la persona esté haciendo las cosas mal.

A veces significa, precisamente, que lleva mucho tiempo sosteniendo una carga que requiere atención constante.

Cuando la diabetes empieza a ocupar demasiado espacio

Puede ser difícil encontrar un equilibrio entre cuidar la salud y sentir que la enfermedad está presente en cada decisión.

Quizá empiezas a pensar constantemente en tus valores.

Quizá salir a comer con otras personas genera preocupación.

Quizá una glucemia fuera de lo esperado provoca culpa o frustración.

Quizá te cuesta permitirte descansar porque sientes que siempre deberías estar haciendo algo más para cuidar tu salud.

O quizá simplemente estás cansado.

No todas estas experiencias significan que exista un problema psicológico. Tener días malos, frustrarse o sentirse agotado forma parte de convivir con una enfermedad crónica.

La cuestión es qué lugar está ocupando ese malestar en tu vida y si está empezando a limitar aquello que es importante para ti.

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda psicológica?

No hace falta esperar a una crisis para pedir apoyo psicológico en relación con una enfermedad crónica.

Puede ser útil si notas que la enfermedad ocupa más espacio mental del que te gustaría, si el miedo a las complicaciones te genera un malestar difícil de manejar, si sientes un cansancio acumulado por sostener los cuidados o si tu relación con el cuerpo, la comida o la actividad física se ha vuelto especialmente complicada.

También puede ser un espacio para trabajar cuestiones relacionadas con la identidad, las relaciones, la incertidumbre o los cambios que puede implicar convivir con una enfermedad a largo plazo.

La terapia psicológica no sustituye el seguimiento médico.

Lo complementa, atendiendo a una parte de la experiencia de la enfermedad que no puede medirse únicamente con cifras.

Vivir con diabetes también es una experiencia psicológica

Vivir con diabetes —como vivir con cualquier enfermedad crónica— no es solo una cuestión de cifras y controles.

Es también una experiencia que puede afectar a la relación con el cuerpo, con la comida, con otras personas y con uno mismo.

Por eso, cuidar la salud psicológica no significa que estés haciendo mal el cuidado de tu diabetes.

Significa reconocer que sostener una enfermedad crónica durante años también puede tener un coste emocional y que no tienes por qué afrontarlo siempre en soledad.

Si quieres saber más

Si quieres conocer cómo trabajo el impacto psicológico de la diabetes y de otras enfermedades crónicas, puedes consultar mi página sobre enfermedad crónica y diabetes.

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Sara Bolo Psicología
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